Nunca son pesadillas

Tanto humo y tanto ruido, tenés la espalda cuadriculada de desesperanza; mal que mal, eso es vivir.
Hay un mono que ya no te baila y alguien que succiona las cabezas de los que no están vivos con zopapas.
Sentís alrededor de cuarenta dedos que te atrapan,percibís una fusión de sexos que se esconden tras las puertas, y ya no vivís ahí. Son cosas del pasado, de una caja sin paredes.
Si te paralizás, te atrapan. Si andás a mil corrés el riesgo de ser categorizado como un caníbal de la posmodernidad, siempre hay un punto medio que se esconde pero es difícl encontrarlo.
Te cega el humo,ensordece el ruido, y esto, que es estar vivo te atrapa entre sus brazos, que parecen estar hechos de plastilina dorada.

Dos horas, veinticinco minutos.

Otra vez un barco y después, por primera vez: vos, que prometiste tanto.
No te conozco.
Creo conocerte.
Anoche me contaste un secreto, una mentira, algo de falsa información.
Y yo que creía que vos eras esa morsa.

Estás en el pozo de los leones, insisto para que salgas, parece no gustarte ese papel de diva.
Entonces se me dilatan las pupilas, siento tanto que creo no sentir, hurgo en tu mente con escarbadientes, río y reprocho. Me va despertando algo que suena como un rugido.

Contando: dos horas, veinticinco minutos.

Los gatos en mi época comían pescado.

Vomitaría en tu espejo un poco de amor para contarte una vez más que no sé cantar.
Te invito a mi cama donde las sábanas están revueltas, hay migas de pan, siempre dos almohadas.

Soñar que se le da de comer a un gato augura problemas y conflictos amorosos, disputas, malas noticias. O tal vez es esto lo que sueño porque tengo ganas de comer ese nuevo producto para felinos que promociona la caja boba:


Con pato y guisantes,
con pavo,
cordero y zanahorias,
con conejo.




Te invito a mi cama.
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