El Fumigador
Usó sus gritos y se picoteó la oreja: Había fumigado, tratando de romper y herir su cuerpo. Lloró largo rato, viviendo.
Treparía sus piernas, treparía su ego y que rían sin parar. Gateará, moverá las cartas.
Extrajo una pila de nada y casi sin saberlo freía y horneaba mientras comía carne cruda, carne fresca.
No paraba de masticar rítmicamente.
¡Pida lo que quiera!, no se arrepentirá.
Ya se le había humedecido la boca y faltaba cada vez menos para sumergirse en un sueño surrealista.
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