Marrón y rojo.
Recortar una tras otra las palabras, un color y después, otro más.
Las elocuencias se encerraron solas en un cajón de cada una de las mentes, están ahí, desparramadas entre palabras de aliento, desparramadas entre sensaciones vacías.
Dos puertas corredizas que conozco, eso ya no preocupa, sé cómo se puede solucionar y no cuesta mucho. Ahora no hay aroma a verde, es solo una mancha marrón con una pizca de rojo, basuras que se acumulan en los pulmones, en cada rincón del cerebro retraído revolucionando neuronas.
Las sucias alas pegan en la cara, hacen volar el pelo, descontrolan las extremidades. Cuidado con los pasos: no hay que dejar de observar.
Pero siempre hay un vacío en la tela que atrapa, recibe más, acepta errores, exige color y grita verdad. Salva.
Las elocuencias se encerraron solas en un cajón de cada una de las mentes, están ahí, desparramadas entre palabras de aliento, desparramadas entre sensaciones vacías.
Dos puertas corredizas que conozco, eso ya no preocupa, sé cómo se puede solucionar y no cuesta mucho. Ahora no hay aroma a verde, es solo una mancha marrón con una pizca de rojo, basuras que se acumulan en los pulmones, en cada rincón del cerebro retraído revolucionando neuronas.
Las sucias alas pegan en la cara, hacen volar el pelo, descontrolan las extremidades. Cuidado con los pasos: no hay que dejar de observar.
Pero siempre hay un vacío en la tela que atrapa, recibe más, acepta errores, exige color y grita verdad. Salva.
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